Los seis nevados actuales (Ruiz, Santa Isabel, Tolima,
Huila, Sierra Nevada de El Cocuy y Sierra Nevada de Santa Marta) presentan un
derretimiento constante muy marcado en las últimas décadas. Esta pérdida se
asocia con el aumento térmico global, resultado a su vez de la acumulación de
gases de efecto invernadero. De hecho, Colombia ha perdido en el último medio
siglo el cincuenta por ciento de su área glaciar. Cabe recordar que en el Ruiz
se llevaron a cabo campeonatos suramericanos de esquí hasta 1958.
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| Nevado del Ruiz: el refugio en los años 80 |
El mundo se estremece.
Soplan grandes vientos de cambio en la naturaleza de toda la Tierra. Es el
calentamiento global. Colombia, que es un pulmón del planeta, está igualmente
amenazada. Visión de nuestro futuro, en diagnóstico de expertos
Durante el siglo veinte se extinguieron ocho nevados
colombianos. Las nieves del Puracé, Sotará, Galeras, Chiles, Pan de Azúcar,
Quindío, Cisne y Cumbal son apenas recuerdos. Sólo quedan seis nevados y tienen
los años contados.
Aunque los cambios climáticos han sido una constante en
la historia de la Tierra, el que estamos viviendo ha sido atribuido a la
actividad del hombre. Y existen evidencias de que está afectando a Colombia,
particularmente desde la segunda mitad del siglo veinte. Se ha demostrado un incremento
de la temperatura media anual del aire a un ritmo de 0,1 a 0,2 grados
centígrados por década. Las precipitaciones han variado: en unas zonas aumenta
y en otras disminuye en un rango que oscila entre el –4 y el +6 por ciento por
década. Desde hace varios decenios los nevados experimentan una pérdida
considerable de su masa de hielo, y ya varios nevados colombianos se
extinguieron durante el siglo pasado. En las costas el nivel del mar ha
aumentado a razón de dos milímetros por año. Y en materia de salud humana el
dengue ha encontrado ambientes propicios para su proliferación donde antes no
existía.
El
clima
Según los estudios sobre el clima en estaciones
meteorológicas de todo el territorio nacional, hay una tendencia al incremento
de las precipitaciones en lugares como Santa Marta, Medellín, Quibdó, Puerto
Carreño y Neiva, mientras que en el suroccidente han disminuido, por ejemplo en
zonas de la cordillera Oriental (Bogotá, Bucaramanga y Cúcuta) y en la isla de
San Andrés. El aumento de precipitaciones es de alta intensidad (aguaceros y
tormentas).
En cuanto a la temperatura, hay una propensión al
aumento de las máximas y las mínimas, lo que quiere decir que tanto las noches
como los días son más calientes.
En el altiplano cundiboyacense tienden a disminuir los
períodos fríos o heladas en las horas de la noche y de la madrugada. Las
últimas heladas del altiplano corresponden más a efectos del fenómeno de “El
Niño”.
Los
nevados
Durante el siglo pasado se extinguieron ocho nevados
colombianos: Puracé (1940), Sotará (1948), Galeras (1948), Chiles (1950), Pan
de Azúcar (1960), Quindío (1960), Cisne (1960), Cumbal (1985).
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| Nevado Del Ruiz: El refugio en 2007 |
De las décadas de 1940 a 1980 las pérdidas de área
fueron de uno por ciento anual, mientras que hoy son de dos a tres por ciento.
A este ritmo, en dos o tres décadas tendrá Colombia muy poca cobertura de
nieve. Es como mantener un grifo de agua abierto. Y el problema será más grave
cuando exista un área mínima de nevados y las poblaciones de alta montaña se
afecten por la disminución del caudal de los ríos. Y además será una gran
pérdida no ver en nuestras cumbres montañosas tan hermoso y único paisaje, ya
que culturalmente está muy arraigada la idea de la montaña nevada.
Los glaciares son excelentes indicadores de cambio
climático por su rápida y fiel respuesta a las alteraciones de la atmósfera, y
los glaciares ecuatoriales como los de Colombia representan un ecosistema único
por su rareza y dinámica.
El
nivel del mar
Hay evidencias claras de un ascenso lento pero
progresivo del nivel del mar desde finales del siglo pasado, a razón de
aproximadamente dos milímetros por año. Este proceso representa una amenaza
para las costas y las islas colombianas por la posible inundación de zonas
bajas y la erosión y el retroceso de las playas, entre otros impactos.
Estudios recientes muestran que en los próximos cien
años en los litorales colombianos es posible la inundación permanente de casi
5.000 kilómetros cuadrados de costas bajas, así como el encharcamiento fuerte o
el total anegamiento de 5.100 kilómetros cuadrados. En estas áreas se verán
principalmente afectadas las playas y las marismas de mangle, tanto por la
erosión como por la inundación marina. Se afectarán aproximadamente 1,4
millones de personas, las actividades económicas y la infraestructura vital de
las costas.
En las playas el ascenso del mar las destruirá
paulatinamente, como hoy ocurre en Puerto Colombia y Salahonda; otras se
reducirán y retrocederán hacia tierra adentro, como sucede ya en los
departamentos de Bolívar, Sucre, Atlántico y Chocó.
Los sistemas coralinos, como los de las islas del
Rosario y San Bernardo, pueden perder sus funciones ecológicas y hasta ser
destruidos si aumenta su deterioro por la continua explotación de las
formaciones de arrecifes y la contaminación de las aguas locales por residuos
industriales y urbanos, como en las islas del Rosario por los sedimentos arrojados
por el Canal del Dique. La zona insular del archipiélago de San Andrés y
Providencia, con su extenso arrecife coralino, podría sufrir notables impactos
por el cambio climático. Uno de ellos, la inundación por el ascenso del nivel
del mar, puede representar el anegamiento del 10,1 por ciento de la isla de San
Andrés y del 3,8 por ciento de Providencia y Santa Catalina.
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| Nevado de Santa Isabel: Campamento 2000 |
El cambio climático también puede traer un incremento
del número y de la intensidad de los huracanes y los mares de leva, con daños y
desastres en las zonas costeras.
La
desertificación
En la actualidad uno de los problemas más relevantes a
escala global es la desertificación, es decir, la degradación de suelos y
tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, resultantes de diversos
factores tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas. Según
los estudios desarrollados por el Ideam, Colombia posee 24’534.200 hectáreas en
ecosistemas de zonas secas (21,5 por ciento del país), de las cuales 19’351.000
padecen desertificación (16,95 por ciento del país). Los zonas secas
colombianas abarcan una gran variedad de ecosistemas que van desde los páramos
de las partes más altas de las cordilleras a 3.000 metros sobre el nivel del
mar, hasta los manglares de la Costa Caribe. De esas regiones también forman
parte ecosistemas de sabana, bosques secos tropicales, zonas inundables y
bosques de galería.
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| Nevado
de Santa Isabel: Campamento 2005 |
Las zonas que presentan procesos de desertificación
padecen bajos volúmenes de precipitaciones, y por ello una reducción aun mayor
de las lluvias puede causar un desequilibrio hídrico agudo que acelere el
proceso de degradación de los suelos, perjudique los sistemas de producción de
la tierra y repercuta regionalmente en la intensidad y la frecuencia de eventos
catastróficos.
La
salud
En la comunidad internacional existe preocupación por
la forma en que los aumentos de la temperatura y las modificaciones del régimen
de precipitaciones por los cambios climáticos puedan incidir en las
enfermedades transmitidas por vectores y que estas patologías encuentren nuevas
áreas donde logren asentarse y proliferar. Colombia como país tropical es un
escenario propicio para muchas enfermedades transmitidas por vectores.
Concretamente la malaria y el dengue pueden encontrar nuevos espacios en la
medida en que los vectores logren acomodarse a los cambios climáticas. Hay que
diferenciar entre las dos patologías: la malaria es producida por parásitos
(plasmodios) y el dengue por un virus de cuatro serotipos. También existen
diferencias entre estas dos enfermedades: la malaria se presenta comúnmente en
áreas rurales, y el dengue en áreas urbanas. Los vectores también son
diferentes: los mosquitos de las especies anofeles son los transmisores de la
malaria, y el Aedes aeghypti el responsable de transmitir el dengue.
Los vectores de dengue encuentran como temperatura
ideal para la transmisión los 24 grados centígrados, y resulta inquietante que
una ciudad tan populosa como Medellín esté al borde de alcanzar esa temperatura
promedio y propiciar así la mayor presencia del vector y el aumento de los
brotes de la enfermedad.
El dengue se ha caracterizado en los últimos años por
una mayor presencia en municipios de vertiente de cordillera, a causa del
aumento de la temperatura. Un municipio como Fusagasugá, que antes de 1997 no
presentaba la enfermedad, hoy normalmente reporta epidemias de hasta
trescientos casos..
Otros elementos nocivos de los cambios climáticos, como
las olas de calor soportadas recientemente en Colombia, pueden incrementar los
accidentes cardiovasculares.
El panorama del calentamiento global en Colombia es
bastante preocupante, y eso que nos hemos limitado a sólo cinco sectores. En
realidad, la destrucción ya empezó.